“pasamos la mayor parte de nuestro existir en guerras externas, internas y muchas que son ajenas"
Rebelión más que una obra, es un cuestionamiento constante, un ir y venir, un movimiento, un rodamiento hacia la nada, un sinfín, un agotamiento infernal, una crisis que consume. Nada está resuelto y nada lo estará.
Esta obra del Teatro del Absurdo plantea la guerra como un interrogante cotidiano, casi imprescindible y muy difícil de responder. Muestra la realidad de tres personajes (que resultan ser uno sólo), en busca de la sanidad de esa mente descontrolada en su totalidad. Un General, un actor y compañía (compañía no agradable por cierto), buscan la salida a una situación desesperante. Un pastizal en medio de la nada es el escenario perfecto para intercambiar palabras sin sentido alguno y mostrar la falta de comunicación apoyada por un artefacto que toma protagonismo en esta situación: Un radio sin pilas.
La psicosis de guerra afecta desde el principio hasta el final a los protagonistas, quienes se acusan entre ellos de tener la culpa por estar ahí, en ese lugar al que llegaron por culpa de un golpe de estado que ha afectado emocionalmente al presidente de la nación, al enterarse de que los múltiples problemas que afectan al país no son más que delirios propios.
Un solo acto no lineal, un juego constante de melodías mal hechas, de cambios de humor, monólogos sin sentido y risas sarcásticas mostrarán la desesperación por querer estar bien cuando la situación da para lo contrario y darán una atmósfera preocupante y desesperante que no llevarán a nada.